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La plata de ley 925 es una aleación formada por un 92,5 % de plata pura y un 7,5 % de otros metales, normalmente cobre. Es la plata más utilizada en joyería, pero también una de las más rodeadas de dudas: ¿qué significa el 925?, ¿cómo sé si mi joya es auténtica?, ¿se oxida?, ¿da alergia? En esta guía respondemos a todo, con mitos y verdades y con datos reales de la legislación española.
El número 925 indica la ley de la aleación, es decir, la proporción de plata pura que contiene, expresada en milésimas: 925 de cada 1.000 partes son de plata. El resto, un 7,5 %, suele ser cobre. A la plata 925 también se la conoce como plata esterlina (sterling silver).
Porque la plata pura es muy blanda y se raya o se deforma con facilidad. Al añadir un pequeño porcentaje de cobre se obtiene una aleación más dura y resistente, que conserva el brillo de la plata pero aguanta mucho mejor el uso diario. Por eso la plata de ley 925 es el estándar en joyas de plata para llevar todos los días.
Según el Real Decreto 197/1988, que regula los objetos fabricados con metales preciosos, para vender una pieza como plata de primera ley debe tener como mínimo 925 milésimas de plata. Si no llega a 925 pero alcanza 800, se considera plata de segunda ley. Además, la normativa no admite tolerancia a la baja en estas leyes. En la tienda, la joyería debe indicar de forma clara si la pieza es de primera o de segunda ley.
Aquí hay un matiz importante: la plata no se oxida por el oxígeno, se ennegrece por el azufre. Al contacto con compuestos de azufre del aire, del sudor, de algunos cosméticos o de la humedad, se forma sulfuro de plata, una capa fina que pasa de amarillenta a gris oscuro o negra. Se llama deslustre.
Lo que debes saber:
Generalmente se tolera bien, porque la plata de calidad no lleva níquel como componente principal. Si una persona nota picor o enrojecimiento, a menudo la causa es el níquel de algún cierre o de un chapado de baja calidad, no la plata. Si te ocurre, deja de usar la pieza y consulta con tu médico. Cada piel es distinta.
La ley permite recubrir la plata con un baño de oro, rodio u otros elementos con fines protectores o decorativos, y la pieza sigue considerándose plata siempre que cumpla la ley de la plata. Lo importante es que la base sea plata de ley 925, no un metal cualquiera con un baño.
Mito. Mucha gente cree que la plata se oxida como el hierro y que, cuando se pone negra, ya está estropeada.
Verdad. La plata no se oxida por el oxígeno: se ennegrece al reaccionar con el azufre del aire, del sudor o de algunos cosméticos. Esa capa oscura se llama sulfuro de plata y no afecta a la calidad ni al valor de la joya. Se elimina con una limpieza adecuada y el brillo vuelve.
Mito. Se piensa que 925 y plata pura son lo mismo.
Verdad. La plata de ley 925 contiene un 92,5 % de plata y un 7,5 % de otros metales, normalmente cobre. La plata pura (999) es más blanda y se raya con facilidad, por eso en joyería se usa la aleación 925, que es más resistente para el uso diario.
Mito. Si una pieza tiene el número 925, debe de ser plata de ley.
Verdad. No siempre. El número puede grabarse sin que la pieza cumpla la ley. Lo realmente fiable es el punzón de garantía (rectangular en la plata, con la ley y el laboratorio) o, en piezas pequeñas, la etiqueta oficial con la ley y el fabricante. Por eso conviene comprar en tiendas de confianza y pedir factura.
Mito. Hay quien cree que la plata 925 provoca alergias por sí misma.
Verdad. Normalmente se tolera bien, porque la plata de calidad no lleva níquel como componente principal. Cuando aparece picor o enrojecimiento, la causa suele ser el níquel de algún cierre o de un chapado de baja calidad. Si te ocurre, deja de usar la pieza y consulta con tu médico, porque cada piel es distinta.
Mito. Se piensa que la plata buena no cambia de color.
Verdad. Justo al revés: la plata auténtica reacciona con el azufre y se oscurece con el tiempo. Que se ennegrezca es una señal de que reacciona como lo hace la plata. La plata 925, además, se oscurece algo antes que la plata pura por el cobre de la aleación, pero dura décadas con un mantenimiento normal.
Mito. Mucha gente cree que una joya de plata no puede tocar el agua.
Verdad. Mojarla ocasionalmente no la daña. Lo que sí conviene evitar es el cloro de la piscina, el agua del mar y los productos químicos, porque aceleran el ennegrecimiento. Lo mejor es quitártela antes de ducharte o de limpiar la casa y secarla bien si se moja.
Mito. Se cree que, al ser de calidad, se mantiene brillante sola.
Verdad. Necesita un mantenimiento sencillo: guardarla seca y por separado, limpiarla con un paño suave y ponértela después del perfume y las cremas. Un dato curioso: llevarla con frecuencia ayuda a mantenerla limpia, porque el roce con la piel y la ropa reduce el sulfuro acumulado.
La plata se asocia desde hace siglos a la luna, la pureza y la intuición, y por eso es un material muy elegido para medallas, colgantes y amuletos. Además, al ser una aleación resistente, es ideal para una joya que se lleva todos los días, como un amuleto de protección o una medalla amuleto que te acompañe a diario. Una joya de plata de ley bien cuidada te dura toda la vida.